jueves, 9 de julio de 2009

SEGUNDAS PAREJAS... NUEVAS Y ORIGINALES OPORTUNIDADES

La periodista me interroga sobre las difíciles relaciones entre segundas parejas, y me explica que quiere saber cuando el “nuevo” cónyuge viene a vivir a una casa que no es la suya, con una dinámica e hijos de un matrimonio anterior de su pareja, éste el nuevo ¿es víctima o victimario?, ¿se tiene que adaptar a un funcionamiento anterior o forzarlos a otra modalidad? La dinámica de opuestos se repite en toda la nota, desplegando preguntas sobre que es más fácil-difícil, para el ¿hombre o la mujer?, quien se adapta mejor y peor, que edades ayudan y que otras no, etc.Este sistema de pensamiento esta profundamente arraigado en nuestro imaginario social de Occidente, tal vez lo arrastremos desde el pensamiento de la antigua Grecia en adelante. En la actualidad, las familias, así en plural, nos muestran que no existe un único modo de llevar adelante ese formato. Por el contrario, asistimos a momentos donde se esbozan diversos modelos de hacer familia, definidos por un hacer en común, por el hecho de estar juntos. Pensar estos aconteceres desde el nuevo vínculo que allí entre ambos integrantes de la pareja se establece, implica descentrar la temática desde el lugar o función, para darle relevancia a la configuración de la pareja actual. Los nuevos lugares no son subsidiarios de un pasado o instancia anterior perdida. Considero a éste, un primer paso para comenzar a focalizar la mirada en la nueva organización familiar –distinta a la anterior- pero con pleno derecho y no como un subproducto degradado, de menor calidad o un derivado de aquella. Los términos familias ensambladas, familias ampliadas, familias reconstituidas, familias de segundas nupcias, son todos ellos, herederos de una concepción de lo perdido, de lo anterior.

Con todo este preámbulo, vayamos a la nota: ni víctimas ni victimarios. Primeramente planteo que tal vez no ayude al tema –tal vez a ningún tema- arrancar con un juego de opuestos, porque se ubica al entrevistado en un lugar donde se siente que se tiene que elegir entre una u otra opción y eso no produce complejización, sino simpleza. El tema puede quedar reducido a una receta, con la ilusión de que si se la elabora según los ingredientes mencionados, se deberá conseguir un producto que contenga la solución al problema.Desalojados entonces de lugares de victimización, ambos integrantes de la pareja arman una nueva realidad, con derecho a existir, propio y original, que no es tributaria de nada que lo explique desde el pasado, sino que deberá plantarse, lo más firme que pueda, en su realidad actual y trabajar para conseguir un estatuto de tal, con solidez en su propuesta. Ellos dos son los primeros que deben creérsela y de acuerdo a eso afrontar su mundo circundante, (hijos, ex, parientes, amigos) pero teniendo claro esto: son una pareja, una entidad original, con derecho propio. Propongo descentrar el tema en el recién llegado, y abrirlo a toda la trama relacional que se despliega ante una situación tan compleja, que exigirá en todos sus integrantes un trabajo psíquico que de lugar a la novedad, no de la persona arribante exclusivamente, sino de la situación de vida que el padre o la madre de los chicos ha elegido al armar una nueva pareja y desear convivir. Todos tienen algo para dar, algo que hacer con la situación que se plantea, es preciso que se establezca desde el inicio un “hacer juntos”, que los integra a todos, grandes y chicos.

Ante problemas complejos, las soluciones lejos de pretender ser simplificadoras, serán trabajosas y provendrán de un campo de múltiples dimensiones de pensamiento. La nueva pareja que se forma y decide convivir arma por ese hecho, una configuración novedosa, original y compleja formada por adultos y niños, que entre ellos no mantienen un vínculo de alianza y de sangre simultáneamente en el seno de la nueva familia, como sí ocurre en la familia “primera” o en la “tradicional”. Esto, con sus variantes, suele ser fuente de sufrimiento y conflictividad.¿Cómo arriban los adultos-pareja a esta nueva situación de convivencia? Lo hacen con un bagaje de experiencias, con sus “heridas de guerra”, con sus “residuos” (restos no elaborados) de situaciones anteriores, con sus duelos por los proyectos truncos, etc. Llegan con temores e inquietudes, dudas sobre el nuevo producto a construir: la convivencia; pero sobre todo, con ilusiones y fantasías, proyectos en común y anhelos, con un alto monto de deseo de que la cosa funcione y “sea distinto esta vez”.

Los niños –hijos de uno de ellos- están allí con su desconcierto, con sus ambivalencias, temores y miedos trasmitidos desde el imaginario social, profundamente arraigados en la figura emblemática de la “madrastra mala” de los cuentos. Llegan a esta instancia elegida por los adultos e impuesta a ellos, con su conflicto de lealtades, sus situaciones vividas del pasado de su pareja parental, que en ocasiones una nueva relación de papá o mamá reactualiza, por la semejanza o acaso más intensamente, por la radical diferencia. Todos y cada uno tienen algo para aportar, para hacer que la cosa funcione, sin ánimo de desconocer las asimetrías existentes entre adultos y niños, padres e hijos; pero es un tema que los atañe a todos. Esta posición nos coloca en un lugar de mayor protagonismo, donde el dialogo franco y directo, es el elemento central para el encuentro. Para terminar dejo planteada la situación posible –a la que hay que hacerle lugar en el pensamiento- de que la segunda pareja de papá o mamá sea una persona del mismo sexo, lo cual exige para la familia un trabajo que apunte a inscribir esa nueva realidad desde otros lugares, con su correlato en lo social.

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