jueves, 9 de julio de 2009

ESTAR CONECTADO O "NO EXISTIR"



“Estar conectado o no existir”
Algunas derivas sobre la subjetividad actual.


Lic. Alicia González Cruzado


“Dos amigos se reúnen, entregados a una profunda oscuridad,
para desplegar un habla ´ininterrumpida´, que no es el habla cotidiana.
Es habla que no busca completarse en la alteridad sino que busca atravesar la alteridad para ir siempre más allá, buscando la propia alteridad,
siempre diferida, abierta, otra”

“no es que un término devenga otro, sino que cada uno encuentra al otro,
un único devenir que no es común para los dos, puesto que nada tienen que ver el uno con el otro, sino que está entre los dos”

Introducción

El trabajo se propone realizar cierta deriva, un andar singular sobre las vicisitudes de la vincularidad en función de los aportes que producen la inclusión de las nuevas tecnologías y sus efectos en la producción actual de subjetividad.
Se proponemos cierta traza, una suerte de mapeo entre las relaciones que se dan en el plano de las conexiones a Internet, pero también con otras modalidades de estar comunicados con otros, por ejemplo en el campo de la telefonía celular, vía mensaje de texto, la tecnología multimediática, en fin las múltiples pantallas que nos rodean, que forman parte de nuestra existencia cotidiana, y que abarcan ámbitos que en otros momentos eran impensados. Resulta un interesante desafío pensar en la superposición de flujos que estas modalidades proponen.
Las regulaciones entre lo público y lo privado, la seguridad ciudadana, antes muy bien delimitadas, hoy se desdibujan. Algo cambió y portamos con nosotros una aparatología que antaño se reducía al ámbito de lo doméstico. El acceso global a la tecnología, lleva a la necesidad de generar regulaciones específicas, e incluso prohibiciones- escuela, trabajo, transporte colectivo, el consultorio del psicólogo. Padres y docentes se preguntan donde está el límite entre el uso adecuado y el exceso.
Es posible que estemos frente a una paradoja que plantea la necesidad de estrechar lazos con otros, pero lazos lo suficientemente flojos como para desanudarlos en cualquier momento. Prueba de esta modalidad lo son la fragilidad actual de los vínculos humanos, en particular de los vínculos amorosos, pero no exclusivamente, sino que también es válido para pensar los vínculos entre amigos, o formales de trabajo, profesionales, etc.

En esta deriva nos acompañan aportes e investigaciones de autores que provienen de una multiplicidad de disciplinas que en su encuentro con la psicología, nos asisten a pensar desde la complejidad. Nos referimos a la sociología, la semiótica, pedagogía, historia, filosofía. Pensaremos a punto de partida de los avances tecnológicos y la subjetividad, en términos tales como conexión, estar con otro y hacer junto con él, vínculo, entre otros.

Una imagen

Un paisaje doméstico habitual para quienes convivimos con adolescentes o asistimos al relato por parte de otros adultos, ya sea dentro o fuera del consultorio.
El chico o chica sentado frente a la computadora, conectado a Internet, buscando información para el colegio o realizando alguna tarea prescripta y chateando con varios interlocutores en forma simultánea –en varios idiomas a la par-; recibiendo y respondiendo al mismo tiempo mensajes de texto desde su celular; y –la cosa no termina aún- realizando por teléfono de línea comentarios con algún amigo de lo que esta experimentando en los otros contextos, ej. cierta foto en el Fotolog de la página Web, etc.
A la multiplicidad de soportes, se superponen una serie de emociones, que van desde expresiones de asombro, broma, alegría, enojo, etc. son particulares de cada contexto, pero similares en su producción. Para el o ella, estos contextos son intensidades, son su realidad, flujos, nomadismos, forman parte –todos ellos- del mundo y fluyen, hacen más habitable la navegación en la información.
El fenómeno habla de la superposición y simultaneidad de los contextos comunicativos.
Algo del exceso y de la falta, se podría pensar que esta operando aquí, pero en mi planteo, el desafío será intentar pensarlos desde la suspensión del juicio valorativo. Meternos y ver que pasa, sin excluir la dimensión comunicacional e interpersonal del fenómeno.


Chicos on-line, padres preocupados

Asistimos a personas que manifiestan una fuerte necesidad de pertenecer a ciertos colectivos y esto relacionado directamente con actos de consumo de bienes muy apreciados, objetos o sustancias, entran al organismo produciendo un alivio pasajero.
Autores como Ignacio Lewkowicz plantean que los sujetos han dejado de ser ciudadanos funcionar predominantemente como consumidores, con un estado que ya no sostiene, que no se instituye como un metagarante, como asegurador , con su correlato de debilitamiento en las instituciones clásicas de producción de sujetos: familia y escuela. Los chicos hoy, se subjetivan más entre el grupo de pares, en los entornos urbanos, que en las instituciones.
En ocasiones los sujetos adolecen de estas cuestiones y frecuentemente sean los padres quienes consultan preguntándose por lo que le pasa a su hijo, deseando entenderlo, queriendo acercarse a esta modalidad de intercambio. Desean saber porque su chico no sale del dormitorio sólo para ir al colegio, llega se aísla, situándose frente a la pantalla y así transcurren sus días. Otros papás se ven obligados a hacer jugar a su chico, porque este solo se entretiene viendo TV. Estas situaciones, muy complejas que llegan a la consulta, arman a veces una demanda de tratamiento familiar, o instancias de orientación a los padres y, otras en un abordaje del adolescente o el chico designado con estrecha participación de sus padres. .
Vivir on-line, o estar en-reda-dos

Del universo de cosas posibles, nos centraremos en la modalidad de estar on-line, es decir en contacto con otros, con muchos otros que “virtualmente” habitan en otros puntos del universo de la red, acaso a la vuelta de la esquina como en diferentes países, continentes, etc. hablando otro idioma tal vez.
La formulación “On-line” nos provoca pensar que algo de la temporalidad es interrogado en estas prácticas. Cuestiona el tiempo lineal pensado como secuencial, al igual que el espacio compartido. Tal vez logremos un acercamiento más fértil al considerar tiempo y espacio como instancias abiertas, incompletas y en constante devenir.
La red es una intensa metáfora de la expansión, dispersión, conexión sin principio ni fin. En este escenario nos preguntamos sobre los efectos de subjetividad.
Esta época –podríamos decir- que incita fuertemente a los sujetos a sentir necesidades que se colman y se calman con el consumo y la adquisición de ciertas sustancias y bienes, siendo su correlato un modo peculiar de vincularidad.
Se observa que las alianzas son débiles, los lazos resultan frágiles, la relación con el otro se aliviana, el compromiso es escaso, media entre las personas una distancia distinta a la del espacio común compartido, distinta a la del encuentro cara a cara, con el rostro del otro, que marcó fuertemente el estudio de los vínculos humanos.

Para algunos chicos, la imposibilidad de estar en conexión casi permanente genera un intenso monto de ansiedad, que debe ser descargado prontamente, considero que se trata de un acto que se potencia, con cierta independencia del contenido a trasmitir. En ocasiones dicho contenido puede ser el liso y llano “nada”, el “no… nada…” tan en boga por estos días. Nada que no significa vacío, sino más bien creemos que habla de una cierta modalidad relacional, de un modo de habitar en el contexto presente.
Si no nos centramos en el contenido, centrémonos pues, en la modalidad de conexión.
Pero esta modalidad, también tiene su impronta en una modalidad de consumo. Así aparece en un anuncio televisivo, se llama para decir nada, pero se llama. Es necesario contar con una mayor cantidad de tiempo de conexión, aún cuando sea para trasmitir “nada”.
Consistemente con estas cuestiones que he venido pensando, me “encuentro” con aportes realizados desde la pedagogía por Cristina Corea en “Pedagogía del aburrido” realiza un estudio que titula “Los chicos-usuarios en la era de la información” aborda el tema de aprender y pensar tomando como ejemplo a un chico –su hijo de 5 años-operando con un video juego. Reconoce, a su pesar, que existe un pensamiento basado en la percepción, que no se trata de un pensamiento reflexivo y admite que “el pensamiento demora la acción. La conexión permite operar en la velocidad.” El pensamiento del chico se torna conectivo, basta ver a un chico operando con un mousse, estableciendo con el operaciones puramente mecánicas. En esta cuestión mecánica de conexión, los chicos se hacen habitantes de un “aquí y ahora” con la información y en las operaciones que se realizan.
Ella plantea como tesis de su interesante trabajo que “un niño como usuario de tecnología destituye la subjetividad pedagógica. Y la destituye porque en las operaciones propias del entorno informacional cae la posibilidad de transferir”.

¿Qué hace un chico frente a la computadora? Se produce y es producido.
¿Qué es estar conectado? pensamos que estar conectado”, podría ser pensado en relación a “estar en contacto”, el que consideramos que para sostenerse necesita de una relación formal distinta, más ligada a la ética y a la responsabilidad. He aquí una marca de diferencia, desde el punto de partida de cómo se lo piensa. Cosa por otra parte bastante frecuente, pensar desde lo ya pensado y confrontarlo. Z. Bauman plantea que, estar conectado supone ciertas ataduras sí, pero flojitas.
Considero que a través del consumo o el ingreso al mundo global a través de las marcas de esta época, una dimensión de la pertenencia estaría asegurada –en la fantasía- por la posesión de ciertas cosas que ocupan un lugar que con anterioridad ocupaban los garantes meta-sociales, las instituciones, entre ellas la familia. La inmediatez que se busca, frecuentemente con esta modalidad, se torna un atajo, atajo que ahorraría el trabajo psíquico de tener que hacer algo con otro para producir un nosotros, un estar junto a otro, un hacer con otro.

Estar conectado, podría ser abordado desde el acto mismo de habitar esa situación con otros. Pensarla desde allí, y no en relación a otras cuestiones.
Pensarlas desde la posibilidad de generar operaciones psíquicas –que desde nuestra perspectiva- se tornan necesarias e imprescindibles, para producir un encuentro significativo con otro, que implique salirse o desterritorializarse, es decir, salirse de los caminos transitados hasta aquí, para producirse en un encuentro, en inmanencia.
Cada situación, si es que realizamos las operaciones psíquicas que nos permitan habitarla, nos brinda la oportunidad de ser sujetos de la misma.
Aquí las cosas se suceden unas a otras, se superponen, se atienden a la vez, en una suerte de desorden caótico –para los ojos de quienes asistimos al fenómeno de espectadores, pero no para quienes están inmersos en ese funcionamiento- en el que no parece haber un antes y después, sino que las cosas transcurren en simultáneo, produciendo un suceder, un transcurrir vertiginoso.
Este transcurrir multidimensional es denunciado por algunos “sufrientes”, encarnados en las figuras paternas, pero absolutamente incorporado y naturalizado por los púberes y adolescentes.
Consideramos que esta naturalización de modalidades relacionales en simultáneo es un fenómeno de época, que caracteriza la actual producción de sentido entre los más jóvenes y que suele ahondar el plano de diferencia con las generaciones anteriores
.
Un modo de subjetivación: navegar por la información
Hoy más que nunca antes, pareceríamos estar impulsados a existir en función de las redes de conexión que seamos capaces de mantener, y si son en forma simultánea, mejor aún. Parecería tratarse más bien de un fenómeno general, que exclusivamente adolescente. ¿Existencia o pertenencia? Tal vez modos de existencia, que hablan de una pertenencia a vincularidades específicas, con otros códigos, y otros organizadores, que arman otras situaciones, que no carecen o adolecen de una falta, sino que son productoras en sí mismas de algo, de diverso orden..
En un interesante trabajo denominado “Vínculos y subjetividad en los Nuevos Contextos Electrónicos”, (así puestas las mayúsculas, ya nos revela cierta jerarquía que el autor parece dar a los términos conexión) Roberto Balaguer advierte que “Los vínculos que se establecen a través de Internet en la inmensa mayoría de los casos resultan indiferenciables de los vínculos dependientes del espacio geográfico, salvo un segmento muy reducido de la población”. El autor plantea que en la clínica podemos advertir el riesgo cuando se da una sustitución de una vida por otra, donde la vida real es literalmente arrasada por la vida digital, hasta hacerla desaparecer por completo.
Hay autores que plantean que el abuso del uso de Internet puede disparar conductas del orden de la adicción psicológica –no química- con un impacto negativo sobre la personalidad y el empobrecimiento de los vínculos sociales, laborales, e incluso de pareja. (Madrid López, R.I. (2000).
A mi entender, el rebasamiento del límite entre lo que podría considerar aceptable y lo adictivo, se trataría de un proceso lento y silencioso, percibiéndose y denunciándose por quienes conviven, sean padres, hermanos, compañeros, incluso las parejas, etc.
Será necesario pues, pensar recursos para operar en ese espacio que media, mientras esto sucede, para evitar justamente ese avasallamiento de una vida por otra, cosa en extremo compleja de realizar con los adolescentes.
Se hace necesario entonces, trabajar con la intensidad y el exceso, en el establecimiento consensuado de cierto límite, de cierto borde, en el armado de espacios tales en los que se pueda transitar, como modo de habitar la situación.
Es más que nunca necesario contar con las herramientas que nos permitan abordar la situación en una consulta, y ser capaces de orientar aún en una única consulta, y generar cierta marca que habilite a un trabajo posterior, cuando las condiciones estén dadas para ello.

Conexión vs. relación

En el intento de profundizar en los vínculos y los espacios que se abren a partir de Internet queremos destacar los aportes de Zygmunt Bauman, quién realiza un interesante estudio en su libro “Amor Líquido”.
Para el autor las conexiones son relaciones virtuales, cosa que hemos corroborado en nuestro planteo, y se diferencian sustancialmente de las antiguas relaciones comprometidas o de compromiso más a largo plazo, entre otras. “La red representa una matriz que conecta y desconecta a la vez; las redes sólo son imaginables si ambas actividades no están habilitadas al mismo tiempo”. Las ventajas de la red, entre otras, la posibilidad de desconexión a voluntad, y conexión a demanda, alternándose éstas con instancias de libre merodeo, se contraponen a lo riesgoso de una relación, por el tema del compromiso mutuo y la seriedad que ostenta.
Hay cierta dimensión complejizante del vínculo con otro, cierto nivel que podría estar implicado en una relación significativa, que se intenta evitar en la actualidad, mediante las conexiones múltiples, en la que los contactos son efímeros, de escasa intensidad, y sobre todo pueden ser “controlados” mediante una operación tan simple como la de apretar una tecla “escape” o “delete”, así de simple, tan simple como “salir” o “borrar”. Pero no todo son desventajas, el armado de un espacio mediador, en ocasiones puede ser de gran utilidad en algunas personas en ciertos momentos vitales.
Ignacio Lewkowicz alerta sobre los fenómenos de globalización y control, que signan un fuerte cambio en la calidad de los lazos sociales y sus soportes subjetivos. Esta subjetividad controlada es el soporte de los estados tecno-administrativos, que ponen en interrogante la emergencia del ciudadano, priorizando la emergencia de la figura del consumidor. Dice el autor: “Los flujos de información constituyen una minuciosa policía silenciosa que anota cada acto de los habitantes de la red o del mundo. El habitante no deja huellas a interpretar por el detective sino registros explícitos a recopilar por las bases. Una meticulosa biografía se va anotando en distintos puntos de la red…” Incluídos y excluídos se organizan de otro modo a partir del desfondamiento del estado nación. Sigue Lewkowicz “Se trata de los excluidos del mercado, del consumo, de las redes: se trata de los que están por fuera de "un mundo pequeño". Pero el excluido del consumo carece aún de nombre que lo defina socialmente” .
Balaguer advierte que no siempre los vínculos que se arman a través de Internet son virtuales, aunque sean digitales, estableciendo allí una diferencia que tal vez tenga que ver con cierto efecto de presencia. Propone pensar que no siempre hay que instalarse en la pérdida, en lo devaluado, al pensar desde la clínica estas modalidades, postura que compartimos con entusiasmo.


Las pantallas como mediadoras: estar conectado es estar, pero ¿de qué modo?

Hablamos de estar, pero ¿de que estar estamos hablando?
Afirma el jingle publicitario “estar conectado es estar”, así de contundente. Proponemos reflexionar: Estar conectado ¿es estar?; ¿de qué modo se esta?; ¿es estar con otro?; ¿estar con una ilusión?; ¿hace al ser?; ¿habla de una posibilidad de ser sujeto en contraposición al no ser nada? Eso respecto del sujeto del “estar”, cosa que nos deja más interrogantes que certezas, pero también valdría aquí preguntarse de que otro hablamos, cuando hablamos de ciertas formas que adquiere la comunicación a través de la aparatología – sea la computadora, el teléfono celular, las múltiples pantallas que nos rodean, incluyendo la pantalla de TV proyectando Gran Hermano, con sus producciones en el imaginario social- cuando la presencia, el rostro del otro, el especio compartido y ocasionalmente el tiempo real, no parecen cincelar el modo relacional que se despliega.

¿De que hablamos cuando alguien esta frente a la pantalla? ¿Podríamos afirmar con certeza, que se trata de alguien que esta solo? ¿Qué tipo de entidad se configura? En el texto multimediático, las personas entablan un reracionamiento en el que esta implícita cierta marca de exterioridad. Alguien se comunica a través del chat con otro, alguien se “emailea” con otro, alguien se “mensajea” con otro, se envía una foto, se ingresa al fotolog, se comparten archivos con audio, MP3, se ve, se escucha, alguien más espera y responde…aparece otro en pantalla, otro ingresa y lo llama. Se abre allí toda una serie de estímulos visuales, auditivos, etc. que incentivan la dispersión, la expansión de los sentidos. En fin, se va desplegando un escenario en el que parecería que algo se hace con otro, algo distinto a lo que se arma con palabras y con la presencia frente a un interlocutor convencional, con el que se comparte un espacio tiempo llamado “real”, como en diferencia con el espacio “virtual” que se juega aquí.
Consideramos que tal vez aporte una mayor riqueza plantearse que dinámica específica se constituye en la virtualidad. No estaríamos abordando el campo con ecuanimidad si redujéramos todas las modalidades en una sola.
Los diversos entornos favorecen variedad de emergencias subjetivas, siendo en cada una de las situaciones, espacios de intercambio específicos los que se van desplegando en cada entorno. Así se puede observar la peculiaridad de presencia que tiene el interlocutor cuando se chatea, e incluso cuando se lo hace con cámara web, que cuando se escribe un mail –situación similar a la que se da cuando se escribe una carta, que requiere en el acto mismo, que el otro este ausente-, para que este acto tenga sentido.

Pensar desde el “entre”.

¿Es posible otra configuración que nos permita pensar desde el vínculo sin que éste sea deudor de una entidad precedente, aún cuando éste tenga la forma ausente de un vacío?
Interesante pregunta esta, que nos conduce a seguir pensando, en lugar de dar respuestas. En las relaciones virtuales, la presencia real de otro, en toda su dimensión, es interrogada, a la vez que la experiencia nos muestra su carácter contundente.
Tal vez más que de estar o no, se trate de otro modo de estar, con otras condiciones de posibilidad.
Será posible realizar otra mirada si nos plantearamos pensar desde el vínculo, desde ese entramado, desde esa producción “entre” y no por fuera de ella.
Lo vincular no admite seguir pensando en términos de “uno mismo”, dice Tortorelli “de lo que se trata es de pensar otro modo de constituirse y destituirse de eso que llamamos identidad”.
Si pensamos desde esa producción entre, advertiremos que esa instancia virtual produce efectos en el psiquismo, en donde la presencia, si bien no es la misma que se organiza desde un espacio geográfico compartido, está y pone a producir.
Pensar desde el entre, desde ese entramado, es darle a la situación un carácter de existencia, abre a nuevas posibilidades de ser pensada, habilita a pensar nuevos tipos subjetivos, diferenciales a la subjetividad instituida como única, con pretensiones de hegemónica.
Pensar desde la dimensión “entre” es salir de las teoría de lo Uno, es pensar desde la multiplicidad de devenires. Siguiendo a Deleuze, es pensar desde cierto nomadismo.
Dice Deleuze “Encontramos personas (y a veces sin conocerlas ni haberlas visto jamás), pero también movimientos, ideas, acontecimientos, entidades. Y aunque todas están cosas tengan nombres propios, el nombre propio no designa ni a una persona ni a un sujeto. Designa un efecto, un zig-zag, algo que pasa o que suede entre dos como bajo una diferencia de potencial…”



Para finalizar, luego de este recorrido, con aires vertiginosos, como la especificidad del tema impone, deseo advertir que una tentación muy fuerte entre los psicólogos – que compartimos con educadores y otras profesiones-, es desacreditar a este tipo de entidad y todo lo relacionado a lo virtual, restarle impacto, negarla o renegarla. Hacemos predominar en nuestras opiniones un fuerte juicio condenatorio a todo lo relacionado con la tecnología multimediática en el ámbito de la comunicaciones humanas, y más aún cuando esta “se mete en nuestros consultorios”. También solemos oponer estos sucederes, estas operaciones, al acto de pensamiento; categoría mayor en nuestras teorías. Solemos acercarnos a estos fenómenos más como una interferencia molesta, que como una producción epocal, actitudes que podrían cercenarnos las posibilidades de investigar y pensar desde nuestra especificidad, asistidos por múltiples miradas y abarcar con amplitud este fenómeno complejo.
Resulta ser todo un desafío, en eso estamos.





BIBLIOGRAFÍA

- ABRAHAN, Tomás y El Seminario de los Jueves “La máquina Deleuze”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2006.

- BALAGUER, Roberto “Vínculos y subjetividad en los nuevos contextos electrónicos. Hacia una escucha abierta y desprejuiciada”, Razón y Palabra, revista electrónica, México, agosto-setiembre 2004.

- BAUMAN, Zygmunt “Amor Líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos” FCE, Buenos Aires, 2006.

- COREA, Cristina; LEWKOWICZ, I. “Pedagogía del aburrido. Escuelas destituidas, familias perplejas”, Paidos educador, Buenos Aires, 2005

- DELEUZE, Gilles y PARNET, C. “Diálogos”,

- DUSCHATZKY, Silvia; COREA, Cristina “Chicos en banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones”, Paidos Tramas Sociales, Buenos Aires, 2005.

- FRANCO, Yago “Pequeño Gran Hermano” en Página 12, 8 de marzo 2007, Buenos Aires.

- LEWKOWICZ, Ignacio; COREA, Cristina “¿Se acabó la infancia? Ensayo sobre la destitución de la niñez”, Editorial Lumen, Buenos Aires, 1999.

- LEWKOWICZ, Ignacio “La noción de subjetividad” ficha de la Cátedra de Psicoterapia II, Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de la Plata, 2005.

- LEWKOWICZ, Ignacio “Subjetividad controlada” en Revista Campo Grupal,

- TORTORELLI, Maria A.“Entre” en Revista de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo, “Subjetividad y Psiquismo”, Vol. I, T. XXIX, 2006. Buenos Aires.

- TORTORELLI, Maria A “Desde el borde”

“ Y… CON LOS NIÑOS … ¿QUIEN SE QUEDA?”


Hace unos días un periodista del suplemento dominical de un importante diario capitalino, me realizó una nota sobre los padres que se han tenido que hacer cargo de la custodia y la crianza de sus hijos. Entre otras cosas él me preguntaba: Lo “normal” es que, en caso de separación, sea la madre la que se quede con la tenencia de los hijos. Es entonces que asumen roles paternos. ¿Qué pasa en el caso contrario? ¿Qué características psicológicas debe tener un hombre para demostrar ser apto para criar al o a los hijos en soledad? Pensé como primera cosa que más allá de quien ocupe el rol de la crianza, sea la madre o el padre; es, a través de éstos que el niño conoce el mundo que lo rodea, desde muy chiquito, esto es: la sociedad en la que le toca vivir, el momento histórico, las cuestiones de género entre las que se transmite un "ideal" se como se es hijo, de lo que se espera de él desde la más temprana infancia. También se transmiten otros ideales y modelos, de como ser mujer-madre y varón-padre, esto ocurre con independencia de que papá y mamá vivan juntos con el niño.

Con respecto a las características psicológicas del padre que cría a sus hijos, la misma pregunta me resulta encubridora de otras cuestiones. Diré, primeramente, que nunca se esta solo, pero tal vez cierto ideal social diga “padre que cría a sus hijos=hombre solo”. Solo, en este caso, por la ausencia de la figura materna, más que por las peculiaridades personales y la situación particular de ese papá con sus hijos. Estamos inmersos en una sociedad que nos abarca y diversas figuras familiares, o del entorno cercano que forman parte del universo de esa familia. En este caso, padre que cria, Se trataría como en tantos otros casos, ocupados por mujeres, de una familia monoparental cuya "cabeza de familia" o "jefe de hogar" (para emular al término que es utilizado en caso que este sea ocupado por una mujer) es ocupada por el padre exclusivamente. Es este quien se hace cargo de la crianza, la educación, las necesidades emocionales y de amparo del niño. Preguntarse sobre las características psicológicas de un hombre para “demostrar” ser “apto” para criar a sus hijos…me genera cierta molestia que trataré de explicar. Creo que pone sobre el tapete un debate acerca de un factor invisibilizado por décadas -con su correlato en los fallos judiciales de tenencia- el varón parece estar en condiciones desventajosas frente a la mujer en este punto. Debe "demostrar" ser apto, cuando para el caso de la mujer- madre, ésta es "apta naturalmente". Habría, acaso, un cierto prejuicio social, connotada de juicios valorativos, que obstaculizan la comprensión, en esta exigencia de que el padre "demuestre ser apto", tanto como de que la madre, sin más trámite sea la declarada "naturalmente apta" para la crianza, y el cuidado de los hijos en caso de separación de la pareja parental. Esta lógica coexiste con nuevas figuras posibles que hacen a tiempos de cambio o de transición, donde el rol de sujeto amparador parental, puede ser ejercido en forma compartida, con grandes beneficios sobre la familia, en caso de que los padres se separan, tanto como para el vínculos padres e hijos, como para los chicos, ya que se les transmite que más allá de quien sea aquel que los críe o asista a los cuidados cotidianos, pueden contar con papá y mamá alternativamente. Poder preguntarse como se lleva a cabo el proceso de tenencia, como, de que forma, con quien, en que lugar, de que modo, pone a ambos, padre y madre, en una situación de mayor posibilidad de decisión, liberándolos, en cierta medida, de un modelo único de llevar adelante una separación. Otra de las preguntas que me resultó interesante para pensar fue: ¿Ha notado un cambio en las actitudes de los padres en los últimos tiempos?

A veces una imagen tiene tanta fuerza o más que las palabras. Nuevos personajes recorren las calles de Montevideo -la realidad en la que habito y de la que puedo hablar-, se trata de un joven papá cargando en la sillita a su bebé, colgando bolso de bebé o mochila al hombro, llevándolo al jardín maternal; padres que practican ejercicio en rambla o parques con sus bebes en cochecito de 3 ruedas; he tenido ocasión de escuchar comentarios de varones asombrados porque en otras partes del mundo – New York, por ejemplo- es frecuente que los baños públicos masculinos dispongan de ... cambiador de bebés!!! Interesante, no?Creo que esas son expresiones de un cambio de posición del varon frente a la paternidad. Asistimos hoy, junto a la clásica figura del padre que “ayuda” a la mujer en la crianza de los hijos de ambos, a esta figura de padres más comprometidos e implicados en la responsabilidad, quienes junto a sus compañeras comparten la diaria tarea de criar, educar, cuidar y alimentar a su prole, aunque, claro está, aun falta mucho por recorrer para hablar de igualdad en ese sentido.La separación de la pareja, cuando es el varón, como ocurre en la mayoría de los casos, quien deja el hogar, trae aparejado, en algunas situaciones un intenso sufrimiento, entre otros, por la pérdida de la cotidianeidad; por la distancia impuesta del crecimiento y la gratificación que supone estar en el día a día junto a sus hijos. Este hecho, a veces ocasiona que la decisión de la separación conyugal sea diferida en el tiempo, con el consecuente deterioro de los vínculos familiares.

Actualmente parece ser más frecuente la consulta de pareja a un psicólogo especializado en estos temas, solicitando orientación también en casos en los que la separación de la pareja ya este planteada. Este hecho les brinda la posibilidad de poder conectarse directamente con el conflicto ya explicitado, darse tiempo para pensarse en relación a la pareja que se va preguntando sobre como vivir separados e ir paulatinamente desvinculándose; generar juntos –a pesar de sus diferencias- una estrategia saludable de tramitación de la misma y sobre todo, pensar a futuro del cuidado de los hijos y de los vínculos entre ellos. La pareja se separa, las cosas cambian, y entre todos tienen ante si el intenso y trabajoso porvenir de un modo distinto de relacionamiento, que incluya acaso, la pregunta de con quien se quedan y se deje de naturalizar excesivamente, que los niños permanezcan al cuidado de su madre. Si bien desvincularse es un trabajo que la pareja deberá encarar, cuando hay hijos, este es un tema sumamente relevante para el proceso de construcción de otro modo de hacer familia.

SEGUNDAS PAREJAS... NUEVAS Y ORIGINALES OPORTUNIDADES

La periodista me interroga sobre las difíciles relaciones entre segundas parejas, y me explica que quiere saber cuando el “nuevo” cónyuge viene a vivir a una casa que no es la suya, con una dinámica e hijos de un matrimonio anterior de su pareja, éste el nuevo ¿es víctima o victimario?, ¿se tiene que adaptar a un funcionamiento anterior o forzarlos a otra modalidad? La dinámica de opuestos se repite en toda la nota, desplegando preguntas sobre que es más fácil-difícil, para el ¿hombre o la mujer?, quien se adapta mejor y peor, que edades ayudan y que otras no, etc.Este sistema de pensamiento esta profundamente arraigado en nuestro imaginario social de Occidente, tal vez lo arrastremos desde el pensamiento de la antigua Grecia en adelante. En la actualidad, las familias, así en plural, nos muestran que no existe un único modo de llevar adelante ese formato. Por el contrario, asistimos a momentos donde se esbozan diversos modelos de hacer familia, definidos por un hacer en común, por el hecho de estar juntos. Pensar estos aconteceres desde el nuevo vínculo que allí entre ambos integrantes de la pareja se establece, implica descentrar la temática desde el lugar o función, para darle relevancia a la configuración de la pareja actual. Los nuevos lugares no son subsidiarios de un pasado o instancia anterior perdida. Considero a éste, un primer paso para comenzar a focalizar la mirada en la nueva organización familiar –distinta a la anterior- pero con pleno derecho y no como un subproducto degradado, de menor calidad o un derivado de aquella. Los términos familias ensambladas, familias ampliadas, familias reconstituidas, familias de segundas nupcias, son todos ellos, herederos de una concepción de lo perdido, de lo anterior.

Con todo este preámbulo, vayamos a la nota: ni víctimas ni victimarios. Primeramente planteo que tal vez no ayude al tema –tal vez a ningún tema- arrancar con un juego de opuestos, porque se ubica al entrevistado en un lugar donde se siente que se tiene que elegir entre una u otra opción y eso no produce complejización, sino simpleza. El tema puede quedar reducido a una receta, con la ilusión de que si se la elabora según los ingredientes mencionados, se deberá conseguir un producto que contenga la solución al problema.Desalojados entonces de lugares de victimización, ambos integrantes de la pareja arman una nueva realidad, con derecho a existir, propio y original, que no es tributaria de nada que lo explique desde el pasado, sino que deberá plantarse, lo más firme que pueda, en su realidad actual y trabajar para conseguir un estatuto de tal, con solidez en su propuesta. Ellos dos son los primeros que deben creérsela y de acuerdo a eso afrontar su mundo circundante, (hijos, ex, parientes, amigos) pero teniendo claro esto: son una pareja, una entidad original, con derecho propio. Propongo descentrar el tema en el recién llegado, y abrirlo a toda la trama relacional que se despliega ante una situación tan compleja, que exigirá en todos sus integrantes un trabajo psíquico que de lugar a la novedad, no de la persona arribante exclusivamente, sino de la situación de vida que el padre o la madre de los chicos ha elegido al armar una nueva pareja y desear convivir. Todos tienen algo para dar, algo que hacer con la situación que se plantea, es preciso que se establezca desde el inicio un “hacer juntos”, que los integra a todos, grandes y chicos.

Ante problemas complejos, las soluciones lejos de pretender ser simplificadoras, serán trabajosas y provendrán de un campo de múltiples dimensiones de pensamiento. La nueva pareja que se forma y decide convivir arma por ese hecho, una configuración novedosa, original y compleja formada por adultos y niños, que entre ellos no mantienen un vínculo de alianza y de sangre simultáneamente en el seno de la nueva familia, como sí ocurre en la familia “primera” o en la “tradicional”. Esto, con sus variantes, suele ser fuente de sufrimiento y conflictividad.¿Cómo arriban los adultos-pareja a esta nueva situación de convivencia? Lo hacen con un bagaje de experiencias, con sus “heridas de guerra”, con sus “residuos” (restos no elaborados) de situaciones anteriores, con sus duelos por los proyectos truncos, etc. Llegan con temores e inquietudes, dudas sobre el nuevo producto a construir: la convivencia; pero sobre todo, con ilusiones y fantasías, proyectos en común y anhelos, con un alto monto de deseo de que la cosa funcione y “sea distinto esta vez”.

Los niños –hijos de uno de ellos- están allí con su desconcierto, con sus ambivalencias, temores y miedos trasmitidos desde el imaginario social, profundamente arraigados en la figura emblemática de la “madrastra mala” de los cuentos. Llegan a esta instancia elegida por los adultos e impuesta a ellos, con su conflicto de lealtades, sus situaciones vividas del pasado de su pareja parental, que en ocasiones una nueva relación de papá o mamá reactualiza, por la semejanza o acaso más intensamente, por la radical diferencia. Todos y cada uno tienen algo para aportar, para hacer que la cosa funcione, sin ánimo de desconocer las asimetrías existentes entre adultos y niños, padres e hijos; pero es un tema que los atañe a todos. Esta posición nos coloca en un lugar de mayor protagonismo, donde el dialogo franco y directo, es el elemento central para el encuentro. Para terminar dejo planteada la situación posible –a la que hay que hacerle lugar en el pensamiento- de que la segunda pareja de papá o mamá sea una persona del mismo sexo, lo cual exige para la familia un trabajo que apunte a inscribir esa nueva realidad desde otros lugares, con su correlato en lo social.